Con el presidente Nicolás Maduro la crisis de Venezuela tocó fondo, pero no se puede decir que este mandatario sea el único responsable de la situación que enfrenta el país.
Ya en épocas de Chávez había escasez de productos, la inflación estaba desbordada, la devaluación era rampante, tampoco había garantías para la oposición y las denuncias sobre restricciones a la prensa eran constantes. Haciendo un poco de historia basta recordar la crisis energética que vivió Venezuela en el 2009, cinco años antes de la muerte de Hugo Chávez.
Y yendo más atrás, hay que tener presente que en el 2002 hubo un golpe de Estado que logró derrocar al coronel y alejarlo del poder por un corto tiempo.
En el 2004 la tensión se vivió por cuenta del referendo revocatorio. Así las cosas, mal contados son casi 15 años de deterioro continuo y de descontento de los ciudadanos con el sistema. Entonces, bien vale preguntarse por qué los venezolanos no gestionan un cambio.
La habilidad de Chávez y de Maduro ha consistido en mantener unidas a sus minorías privilegiadas y protegidas y la debilidad de la oposición es que está dividida. Venezuela es un caso de éxito del refrán divide y reinarás, no parece existir un líder que concite los intereses de la mayoría y que logre el suficiente respaldo popular para acorralar al régimen.
Lo triste es que entre más tiempo pase y más muestras de poder ostente el gobierno, como el arresto del alcalde de Caracas, más se debilitan y amedrentan los líderes opositores. Cada quien se labra su propio destino. Es triste ver la riqueza de un país perdida por cuenta de un modelo errado, de malos gobiernos y de la apatía ciudadana.
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