Desde hace varios años me he convertido en un punto de referencia para trabajos académicos sobre la salsa, me buscan para hablar del fenómeno de la salsa en Cali, tanto en sus gloriosos, con el auge del grupo Niche, Guayacán, las orquestas femeninas y esa gran plataforma que fue el Festival de Orquestas. La segunda pregunta que siempre me hacen es cómo se encuentra la salsa hoy en nuestra ciudad.
Después del auge, de la crisis que inició a mitad de los noventa, desde hace cinco años podemos hablar que el nivel musical del salsero caleño es de buena calidad.
La paradoja es que la generación menor de 35 años le ha tocado que convivir con el circuito boricua impuesto por los empresarios y las discotecas. Muchos de los músicos caleños son los acompañantes de los boricuas desde que ya no se trae una orquesta completa.
La Feria de Cali prefiere un superconcierto y organiza un festival de orquestas de medio pelo, donde el músico cobra pero no tiene gran pre-sencia.
Este talento salsero tiene para mostrar buenos vientos, percusionistas, pianistas, bajistas, pero tiene un punto débil, los cantantes, porque los pocos buenos solo tienen la oportunidad de ser coristas en el circuito boricua. También faltan arreglistas y compositores.
Es impensable que vuelva a aparecer un Jairo Varela como letrista. Este cuello de botella se supera con trabajos que tengan concepto musical; en ese sentido, lo que hace José Aguirre es muy interesante.
El talento está, necesita de las plataformas y de los propósitos por hacer algo nuevo, por fuera de lo comercial, que está ligado a la sobrevivencia, a la búsqueda del diario vivir, que es absolutamente repetitivo.
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