Una herencia malograda

Carlos Andrés Arias Rueda - Concejal de Cali

Estamos a menos de dos meses de las elecciones regionales y, si bien es cierto que en la política colombiana un mes equivale a un año del tiempo real, por la velocidad con la que ocurren los acontecimientos, también lo es que, lo que está decantado a estas alturas, difícilmente trae sorpresas en temas como alcaldía y gobernación.

No me malentiendan, en lo que tiene que ver con la Alcaldía de Cali aún no se sabe quién va a ser el ganador, pero, de entre la gran cantidad de aspirantes activos hace tan solo un par de meses y después de pasar por el filtro de las inscripciones, en el panorama se avizoran dos punteros que comenzaron a desmarcarse del lote y, a menos que algo extraordinario ocurra, la pelea final será entre ellos: Roberto Ortiz y Alejandro Eder, puestos aquí sin ningún orden particular. Aun ninguno tiene la victoria asegurada, deben hacer el trabajo, pero, si las elecciones fueran hoy, de entre ellos saldría el reemplazo de Jorge Iván Ospina.

Ahora bien, esta columna no es para hablar de los punteros, si no de los que desperdiciaron su oportunidad dorada para acceder a la primera magistratura local.

El paro nacional vivido hace un poco más de dos años, bautizado por muchos como el “estallido social”, hizo de Cali el epicentro del teatro de los acontecimientos durante dos meses.

Existen múltiples lecturas sobre este evento, algunos lo recuerdan como la gesta emancipadora que permitió la caída de un ministro descorazonado y que puso en jaque a un gobierno desconectado, en donde los que no tienen voz se hicieron oír; otros, por su parte, lo recuerdan como un momento oscuro de la historia reciente en donde la ciudad fue sitiada por unos pocos, poniendo el aparato productivo al borde del colapso, después del duro golpe sufrido en pandemia.

En las elecciones del 2022, la narrativa dominante fue la primera, al punto que los resultados en las elecciones presidenciales así lo demostraron, con un contundente triunfo del Pacto Histórico en Cali, sin embargo, un año después, esa herencia política pareciese que se echó a perder, puesto que, no de otra manera se explica el colapso del mismo Pacto en las elecciones territoriales, lo que hace que ninguno de los dos aspirantes delanteros a la alcaldía pertenezca a uno de los partidos o movimientos afiliados a esa coalición.

Una de las características más notables de la izquierda colombiana son sus profundas contradicciones. Ya lo describía Antonio Caballero en su magnífica novela Sin Remedio, escrita cuatro décadas atrás, pero que perfectamente podría describir el panorama de celos y rencillas que llevaron a que una votación histórica para la Presidencia, no pudiese traducirse en una candidatura viable para la alcaldía, unos meses después. Bien podría escribirse un manual sobre como malograr una herencia política en poco tiempo.

Como colofón, la narrativa que sí caló para esta campaña fue la de que Cali estuvo sitiada y fue llevada al borde del colapso, lo que generó una sensación generalizada de desesperanza e incertidumbre, lo que explica el porqué de la aceptación del discurso de los dos candidatos que lideran la intención de voto para esta ocasión.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar