Un problema complejo

El avance de nuestra Selección en el Mundial tiene en jaque a las autoridades en lo que respecta al mandato de garantizar el orden público.

Los  “me voy de la ciudad el viernes” evidencian que Cali es el lugar menos seguro para aguardar el partido de fútbol entre Colombia y Brasil.

Tengo dos conclusiones después de lo sucedido tras el pasado encuentro: Primero, no se puede imponer una orden si no se tiene la capacidad de hacerla cumplir; esto, quién lo creyese, lo aprendí en una escuela de padres y no en la facultad de administración. Lo sucedido con las motos me hizo llegar a esta conclusión.

La segunda, la intervención pública en un mercado -como el del consumo del alcohol- habilita la creación de indeseables mercados negros. El reenvase de licor en botellas de agua es buen ejemplo de que el remedio puede llegar a ser peor que la enfermedad, ya que son justamente los envases originales, sus tapas y las estampillas lo que brinda a los consumidores la garantía de que el licor que ingieren no es adulterado.

Hay que reconocer que el problema se suscita en la vía pública por el consumo de licor en ella y los comportamientos desafiantes.

Si las celebraciones se hacen a puerta cerrada, sea en hogares, restaurantes o establecimientos solicitándole a sus dueños que mantengan a su concurrencia “dentro”; y que si es declarado “día sin carro y sin moto” se podría amainar la situación.

Que si salen las hordas de motos desafiantes, ahí estarán las lentes de las cámaras para llenar de fotomultas de manera individual, eficaz y certera a todos y cada uno de los trasgresores que se sienten inmunes obrando en manada.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar