Un nuevo retroceso

A pesar de que algunos sectores del país están celebrando el comunicado de las Farc y el ELN como otro paso hacia la paz, dentro del marco del esquema equivocado que decidió adoptar el gobierno de Santos, lo cierto es que esa manifestación conjunta de las dos organizaciones es la prueba reina de que se va hacia atrás.

En dicho comunicado no hay nada que permita identificar ni siquiera un indicio de la existencia de voluntad real del terrorismo de cesar la violencia y entregar las armas. Y sin esa condición previa, no hay nada que hacer.

Los dos grupos armados ilegales se sentaron a superar sus diferencias para insistir conjuntamente en posiciones que han impedido hacer la paz en Colombia, no a plantearle al país actitudes nuevas que permitan alcanzarla. ¿O será que alguien puede creer que la reconstrucción de un escenario similar al de Tlaxcala, donde el gobierno de la época dialogó con la coordinadora nacional guerrillera, también en medio de las balas y las bombas, es un gran paso hacia el final del terrorismo? No lo es.

En realidad se trata de un retroceso, que tiene el propósito de debilitar los avances que se hicieron durante el Gobierno del ex presidente Uribe.

Se equivocan quienes creen que regalar espacios políticos favorece la consecución de la paz.
Y eso es lo que está ocurriendo.

La declaración conjunta de las Farc y el ELN lo pone, otra vez, en evidencia. Quieren recuperar los escenarios que perdieron, lograr que la comunidad internacional los mire con cierta benevolencia, imponer su visión y obligar a la sociedad colombiana a que viva sometida a sus preceptos.

Cada día que pasa sin que el terrorismo cese en forma definitiva y unilateral sus acciones criminales para conversar, nos aleja aún más de la paz.

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