Cuando empezó su período constitucional la actual contralora general de la República, lo hizo en medio de un espectáculo de denuncias contra su inmediato antecesor, Julio César Turbay Quintero, por la compra de un carro y una presunta nómina paralela.
Hoy la ciudadanía se da cuenta de que dichas denuncias son realmente nada en comparación con la nómina paralela que hoy tiene la Morelli en la Contraloría, la mayoría integrada por ex consejeros de Estado y sus amigotes de la Federación Nacional de Cafeteros, entre los cuales está el ex gobernador de Caldas, Luis Emilio Echeverri.
En cuanto al derroche de esta señora, se puede apreciar en la compra de carros de un valor muy superior al que le denunció al anterior contralor y la fastuosa sede que arrendó a precios muy exorbitantes para un órgano de control que debe dar ejemplo de austeridad.
Por las denuncias del columnista Ramiro Bejarano, nos dimos cuenta de que, además de sede, también arrendamos helicóptero, para la comodidad de la servidora pública más grosera y soberbia con que hoy cuenta el país.
Y a todas éstas, el señor auditor, del cual sólo sabemos que fue regañado por la contralora cuando intentó criticar la nueva sede del ente de control que él debe controlar, está dedicado a buscar la reelección del cargo que hoy ocupa y en el cual no ha hecho nada por controlar los constantes atropellos, no sólo al erario sino al resto de servidores públicos que son víctimas de la Morelli, sin percatarse que su conducta omisiva lo puede ver incurso en responsabilidades disciplinarias y penales.
Como conozco la personalidad ponzoñosa de esta señora, le cuento a mis lectores que ejerzo mi profesión ante ese ente de control, lo cual no me impide opinar sobre el proceder de la que dirige la Contraloría.
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