Al igual como en otros movimientos políticos, la Alianza Verde en el Valle perdió su coherencia. Sus directivas a nivel nacional establecieron normas rígidas para imposibilitar la llegada de candidatos con pasados objetables a las listas para corporaciones, alcaldías y gobernaciones.
Para ello instituyeron un complejo proceso para otorgar los avales. Basada en estas normas y con su acostumbrada voz acusadora, la senadora Claudia López criticó las convenientes concesiones y las elaboradas componendas que se conocieron en otros grupos políticos. Entre sus denuncias sobresalieron, las enarboladas en contra de Angelino Garzón, candidato a la alcaldía de Cali, y de Dilian Francisca Toro, candidata a la gobernación del Valle.
Sus argumentos fundamentales estaban basados en la escasez de solvencia moral y en los mínimos escrúpulos exhibidos en este proceso.
Pero como la política es tan “dinámica”, la fogosa senadora terminó envuelta en una coyuntura parecida, en la cual debió ceder en sus hasta ahí inflexibles condiciones y avalar bajo arreglo a unos candidatos, dejando eliminados a otros, quienes cumplían cabalmente con los requerimientos académicos y de comportamiento establecidos, como fue el caso de Martín Alonso Alvarado, quien era el candidato a la alcaldía de Palmira.
También este accionar provocó que otros precandidatos como el poeta y profesor universitario Miguel Caro Gamboa renunciaran al partido, por el comportamiento exhibido en la dirección nacional. Como moraleja surge cuan inconveniente resulta juzgar con tanta severidad, porque con un giro el destino nos azotará con la misma vara exhibida en contra de otros. Concluyo también cómo no debemos permitir mas señalamientos en negro y blanco en contra de la dirigencia política regional o continuaremos transitando por los caminos de ingobernabilidad, con sus nefastas consecuencias.
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