Arrancó el último año de Juan Manuel Santos en la Presidencia y son muchas las materias que tiene perdidas. No acostumbro ser pesimista, pero no veo que nada en el país marche del todo bien, todo está regular e incluso tendiendo a mal. Lo que me disgusta es que Santos no lo percibe así.
En el balance de su gestión, el Presidente presentó un panorama que parece el de otro país, aduce avances que no se ven en la calle. Realmente, ¿Colombia es hoy un país más próspero que hace 7 años? ¿Quiénes están gozando de esa prosperidad? Su círculo cercano, los beneficiaros de los “Odebrecht” y de la mermelada.
Unos pocos sectores pero no los ciudadanos del común que están cada vez más apretados por cuenta de su reforma tributaria, su fórmula de gasolina, su sistema de salud, su régimen educativo o su administración judicial. El Presidente también goza de su paz, estable y duradera. No vivimos lo mismo los que transitamos las calles de las ciudades azotadas por la delincuencia común, tampoco los que viven en las zonas que dejaron las Farc asediadas por las bandas criminales.
Según el Presidente, cinco millones de colombianos salieron de la pobreza. ¿Le parecerá riqueza el panorama que se vive en las zonas marginales, en el campo? Con pararse 10 minutos en cualquier semáforo de cualquier ciudad colombiana se daría cuenta de que sus reportes del Dane son equivocados. !Si, como no! Un país más próspero, más equitativo y más seguro es la Colombia de Santos. Afortunadamente, le falta un año porque si quien debe solucionar los pro-blemas no los distingue, es poco probable que esté trabajando en soluciones. Es hora de un relevo, ¡siquiera no somos Venezuela!
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