En Colombia, con la publicación de la revista Alternativa, estuvieron de moda dos frases adjetivadas: Locom-bia y El país de Macondo. La palabra compuesta, con el nombre de la república y la locura de la gente, titulaba las carica-turas. Con la segunda frase argumentábamos popularmente que todo lo inverosímil sólo podía ocurrir en nuestro país encomendado constitucionalmente al Sagrado Corazón de Jesús.
La carga de realismo mágico en las páginas de “Cien años de soledad” nos auto descubría de manera deslumbrante. Y precisamente ahora que la gran novela cumplió medio siglo, 30 de mayo de 1967, con el caso de Belén de Bajirá, objeto de noticia nacional en estos días, se materializa otra de las profecías anunciadas. Curiosamente con el conflicto entre Chocó y Antioquia por ejercer soberanía sobre Belén de Bajirá, con tres corregimientos, Nuevo Oriente, Blanquiceth y Macondo, se da vigencia una vez más a la obra literaria de Gabriel García Márquez.
Alguna vez se interrumpió la tranqui-lidad de la gente cuando arribó a Macondo don Apolinar Moscote, con el argumento de que el Gobierno Central lo había nombrado como corregidor. En ese momento los macondianos padecieron la incertidumbre si obedecer a José Arcadio Buendía, su fundador y líder natural, o al corregidor Apolinar Moscote, el funcionario nombrado y cuyo primer acto administrativo fue ordenar que las fachadas de las casas se pintaran de azul. Si hacemos una analogía de la realidad de Belén de Bajirá con el realismo mágico novelístico, concluiremos que ni el Instituto Agustín Codazzi, ni los go-bernadores en pugna y ni el Congreso, pueden pasar por encima de la voluntad de sus pobladores.
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