Tito Rodríguez nació en pleno barrio Obrero de Santurce, en 1923. Su padre era puertorriqueño pero su madre cubana de nacimiento.
Fue una familia numerosa, de diez hermanos. Su padre era un músico intuitivo que tocaba boleros con su guitarra y su madre también era amante de una victrola comprada con esfuerzos. De tal condición su camino era ser músico. Johnny, su hermano, se convirtió en su protector y guía. Debutó a los 13 años en el conjunto Industrias Nativas.
Pasó por el cuarteto Mayarí. A instancias de su hermano, se cambió de nombre: “Pablos había muchos, Titos pocos”. Igualmente permaneció breve tiempo con el Cuarteto Caney y después en el Conjunto Siboney. Por ese entonces conoció a Tito Puente, con el cual se dieron el lujo de tocar en el Stork Club. Poco a poco se abrió paso en el mundo nocturno, donde no solo era cantante, sino bongosero, maraquero, guitarrista y bailarín, pero de los buenos.
Todo este recorrido por su vida es la que hace Sergio Santana en el libro titulado “Tito Rodríguez, en la vida hay amores”. Hace poco,Sergio publicó el libro “Mi salsa tiene sandunga y otros ingredientes”.
Participó de libros colectivos referidos a Lucho Bermúdez y Benny Moré. Es un coleccionista y un investigador actualizado de diferentes tendencias musicales. De verdad, es una persona activa y productiva. Siempre he dicho que los músicos necesitan de escritores porque son muchos los que injustamente se quedan sin una biografía seria y bien trabajada.
Yo escuché a Tito Rodríguez desde niño y lo bailé en el Séptimo Cielo, todo su tiempo de la pachanga. Murió muy joven, 50 años no es nada. Con esa voz podía aguantar 20 años más.
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