Tiempo de felicidad

Todos tenemos el deseo de ser felices y dedicamos gran parte de nuestro tiempo a tratar de cumplir este anhelo. Valoro este \”derecho humano\” y me cautiva como quedó plasmado en la Declaración de Independencia de los EEUU: \”Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.\” ¡Hermoso!

Los economistas usamos la palabra Bienestar para acercarnos al concepto de felicidad. En teoría deseamos que el ser humano alcance la felicidad tratando de maximizar el nivel de bienestar de la sociedad. Desafortunadamente medir este tipo de cuestiones es complicado y por eso caemos en el sofisma de hacer depender al bienestar del consumo. Se obtiene una materialista conclusión: a mayor consumo mayor bienestar, y por ende, mayor felicidad. En esta época navideña el deseo de ser felices aflora y hace que la relación consumo y felicidad corrobore la materialista conclusión de la teoría económica. Por un lado la felicidad del comercio depende de las cifras de cierre de fin de año y por otro los indicadores económicos como el PIB, su valor per cápita, etc. -atados siempre al consumismo- dirán si hemos terminado el año más o menos felices.

Por lo anterior quiero concentrarme en otro indicador más complejo para computar la felicidad. Lo llaman Felicidad Bruta y depende de nueve variables en las que el consumo no es el rey de la ecuación. Ellas son el bienestar sicológico, el uso del tiempo, la vitalidad de la comunidad, la cultura, la salud, la educación, la diversidad medio ambiental, el nivel de vida y la calidad del gobierno. Deseo por tanto que para este fin de año mejore nuestro indicador de Felicidad Bruta. O al menos que hagamos el intento.

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