Siempre borro la basura que me envían por WhatsApp. Reenvío lo que estimo útil, como esta excelente historia, propicia cuando los niños vuelven a clase.
Advierto, desconozco al autor, para que no señalen plagio. Un joven requiere al anciano y le dice que fue su alumno. ¿Qué estás haciendo?, pregunta el jubilado.
“Soy profesor, usted me inspiró”. Y el joven le cuenta que siendo su alumno un día, un amigo, también estudiante, llegó con un hermoso reloj, nuevo, y él se lo robó. Cuando su amigo lo notó se quejó ante el profesor. “El que lo robó, por favor lo devuelve”.
No lo devolvió. Luego el profesor cerró la puerta y los hizo poner de pie para buscar en sus bolsillos. Primero les hizo cerrar los ojos y buscó de bolsillo en bolsillo. Llegó al suyo y lo encontró, pero continuó buscando y cuando terminó dijo: Abran los ojos.
Ya tenemos el reloj. Recuerda que no lo delató, ni lo reprendió en público. Le confiesa que ese día, le salvó la dignidad para siempre. Fue el día más vergonzoso.
“Aunque no me llamó la atención en público, me dio una gran lección: comprendí el mensaje y gracias a usted entendí que esto es lo que debe hacer un verdadero educador”.
Después de tanto tiempo, reconoce que fue el día que su dignidad se salvó de convertirse el ladrón, mala persona, etc. Ahora le pregunta al anciano: ¿por qué no me delató? ¿Se acuerda de ese episodio, profesor? “Sí, pero no te recordaba, porque aquella vez, yo también cerré los ojos mientras buscaba”.
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