¡Sustos financieros!

Casi me da un soponcio! Fue un día de estos en que se me ocurrió consultar la página de Internet del fondo de pensiones en el cual estoy “ahorrando” lo que obligatoriamente me toca cotizar para cuando viejito contar con un ingreso medianamente digno. Vi la cifra y por poco me caigo del asiento.

Constato una y otra vez cómo en el último trimestre mi capital se había mermado, reducido, aminorado, disminuido –todos los adjetivos son válidos- en aproximadamente 5%. Una pérdida de valor que es general y que todos los que cotizan podrán constatar en sus respectivos extractos si se toman la molestia y el cuidado de hacerlo.

Y a pesar de que seguramente oiremos argumentos técnicos que justifiquen la dramática caída como el de la explicación de que el detrimento corresponde a las pérdidas por las inversiones en los TES (títulos de deuda pública) o argumentos eufemísticos de que las rentabilidades de los fondos de pensiones deben ser evaluadas y calificadas sólo en periodos largos de tiempo, ¡más “muy muy largos”, que largos!; lo verdaderamente cierto del asunto es que una disminución, pérdida, merma –o de nuevo como quieran llamarla- de 5% en sólo un trimestre es un porrazo, y más aún cuando en el año entero las tasas de variación de indicadores macro del país como la inflación y la devaluación son sólo 2,6% y 0,6%, respectivamente.

Por fortuna existe una norma del gobierno que obliga a que los fondos de pensiones garanticen una rentabilidad mínima; sin embargo la norma sólo cobija los portafolios “conservadores”.

Ergo queridos y pacientes lectores, a la luz de las cifras y del susto que me he pegado, os doy mi consejo editorial: opten para sus ahorros pensionales por portafolios conservadores, solo así evitarán sustos a fin de año.

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