Debido al acalorado debate por la modificación en los horarios del pico y placa, así mismo ante la poca creatividad desplegada por las autoridades locales para solucionar los conflictos inherentes a la movilidad en Cali, recapacité sobre el número de vías construidas para atravesarla en los últimos 15 años, encontrándome solo con la avenida Ciudad de Cali como excepción, además de algunos cruces a desnivel, ratificando con ello nuestro atraso vial.
De igual forma, las pocas vías existentes para cruzar la metrópoli fueron reducidas con motivo de la implementación del carril exclusivo para el masivo. Aun a pesar de todo estas circunstancias, se vetó una iniciativa del alcalde Jorge Iván Ospina, quién en asocio con algunos ciudadanos ilustres, dotados de visión futurista, lanzaron la propuesta de construir paralela a la vía férrea una autopista concesionada con peajes electrónicos, denominada Autopista del Bicentenario.
Lamentablemente, como ese alcalde no era del afecto de algunos poderosos líderes reaccionarios, estos se dedicaron a demoler públicamente la propuesta con toda una serie de reparos económicos y técnicos hasta enterrarla.
Ahora que el Secretario de Tránsito impone sus retrógradas ideas sobre movilidad, e igualmente ante la manifiesta incapacidad del sistema de transporte masivo de satisfacer la demanda y de estimular la sustitución de la movilización individual por la colectiva como consecuencia del pésimo servicio, me cuestiono sobre cuántos de esos ciudadanos opuestos a resolver en esa época los problemas de movilidad del municipio añorarán no haber torpedeado el progreso de la urbe.
De manera cuestionable la antropofagia política caleña incentiva más que el beneficio común y con certeza eso lo debemos analizar o jamás saldremos del subdesarrollo.
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