“Sólo le pido a Dios/ Que la guerra no me sea indiferente / Es un monstruo grande y pisa fuerte/ Toda la pobre inocencia de la gente”… (León Giecco. Sólo le pido a Dios)
León Giecco, con precisión y contundencia define la guerra: monstruo grande y genocida, que arrasa con la inocencia de centenar y medio de escolares iraníes.
Ninguna guerra tiene justificación, las medievales fueron fundamentalistas religiosas y las dos mundiales ambicionaron repartirse políticamente el mundo.
La Segunda Guerra Mundial acabó cuando los países unieron esfuerzos contra Adolfo Hitler y el poderío nazi que amenazaban con provocar el holocausto mundial.
La comunidad internacional tras haber aprendido de la historia y con el propósito de evitar repetir las guerras, creó la organización de unión de las naciones, que fuera garante de salidas pacíficas y en caso de no lograrlo, hiciese respetar las normas del derecho internacional humanitario.
En la historia de América Latina, varios países fueron invadidos y hace pocas semanas, todos amenazados o agredidos con fuertes aranceles.
Por eso ningún demócrata puede ser escéptico frente al asalto genocida conjunto de Benjamín Netanyahu y Donald Trump contra Palestina, Irán y los demás pueblos del Golfo Pérsico.
Es un hecho imperialista que amenaza trascender a conflicto mundial. Trump ha demostrado que es capaz de imponer aranceles y declarar objetos de invasión a los países que no se alíen o se abstengan de ceder soberanía para facilitarle sus temerarios bombardeos contra pueblos vecinos.
“Sólo le pido a Dios/ Que el futuro no me sea indiferente/ Desahuciado está el que tiene que marchar/ A vivir una cultura diferente”.
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