La noticia de junio fue la legalización del matrimonio gay en la Corte Suprema de los Estados Unidos; “una victoria para” este país, según el presidente Barack Obama.
Como consecuencia de lo anterior hubo literalmente un boom multicolor en las redes sociales. Me sorprendió ver fotos de perfiles de amigos engalanadas con los colores del arco iris que representa la bandera gay.
Mi sorpresa era evidente, ya que el nuevo look en las fotos correspondía más a una moda social que a una postura sobre tan intrincado tema… al menos en aquellos que conozco como ultraconservadores. Pero lo que más llamó mi atención fue la nota que vi en el MSN al intentar revisar mi correo electrónico.
La nota, que no dudo su origen como consecuencia del histórico fallo, mostraba como lucirían personajes famosos de Disney si se sometieran a un cambio de sexo. ¡Así como lo leen! Ver convertidos a la Alicia del País de las Maravillas, a Tarzán, a Blancanieves o incluso al jorobado de Notredame en sus alter egos de sexo contrario me pareció, más que un homenaje al histórico fallo, una propuesta harto delicada y –por tratarse de personajes del mundo infantil- una apología al transgénero.
El sexólogo Alfred Kinsey a mediados del siglo pasado estableció que en materia de homosexualidad y heterosexualidad el mundo no se divide exclusivamente en blanco y negro sino en escala de grises. Si bien Kinsey determinó que la homosexualidad exclusiva y la heterosexualidad completa sin ambages eran posturas de una inmensa minoría, no por ello la propuesta de cambio de género de los personajes de Disney debe ser considerada trivial.
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