En la Convención Liberal pasó lo que anticipamos. Mi partido abandonó la bandera de la transformación y la democratización.
Duele sentir que la \”celebración\” de los 25 años de aprobación de la consulta popular, conquista de mi padre, haya sido regresar a las convenciones prefabricadas.
Duele mucho más sentir que para el Partido Liberal de hoy mi padre fue asesinado en vano. ¿Vamos a permanecer de brazos cruzados? No lo haremos. Vamos a luchar por un nuevo Partido Liberal que destierre de la política la compra de votos, el tráfico clientelista y la financiación de campañas por contratistas.
Vamos a dar la batalla desde adentro, apelando a la base del liberalismo que no se siente interpretada.
No podemos decir que somos el partido de la paz, y al mismo tiempo cerrar los espacios de participación. No podemos hablar de ser la voz de los colombianos mientras les damos la espalda a los ciudadanos cuando tomamos decisiones internas.
\”Un partido no le puede prometer a una Nación lo que primero no es capaz de conseguir para sí mismo\”.
No me voy a someter al juicio de las maquinarias, respetaré la decisión que tomen los colombianos el próximo 9 de marzo en las urnas para el Senado. Aspiro a obtener la más alta votación en el liberalismo, para liderar un proceso político de transformación y depuración.
Quiero también trabajar de la mano de quienes en otros partidos luchan por la misma causa. Convoco a todos los colombianos que hoy no votan porque nunca han creído o dejaron de creer para que demos la batalla.
Demostremos a las maquinarias que a mi padre no lo asesinaron en vano, que sus banderas están vivas y que van a triunfar el 9 de marzo sobre el viejo liberalismo.
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