Si me engañas una vez…

El día idus de noviembre percibí en la web un epígrafe: “No creas todo lo que leas en la Internet solo porque hay una foto al lado”; y el autor, según la fuente de la página del ciberespacio, don Abraham Lincoln.

Después de digerir tan peculiar nota que me hizo recordar el veredicto del cretense Epiménides de que “todos los cretenses son mentirosos”;  concluí que si bien es cierto el décimo sexto presidente de los EE.UU. no previó la Internet –a menos que sea la prueba de la existencia de la máquina del tiempo-, don Abraham Lincoln sí tuvo razón cuando escribió que “podremos engañar a todos por un tiempo, podremos engañar a algunos por todo el tiempo, pero nunca se puede engañar a todo el mundo por siempre”.

Estas reflexiones sobre el engaño –que también se aplican a cornamentas- surgieron al ver una publicación en Facebook de un amigo y que me permití “compartir” en el muro de mi perfil con un texto que rezaba: “pone a pensar”.

La publicación a la que me refiero contenía un vídeo en el que se expone de forma muy convincente la teoría conspirativa sobre el colapso de las Torres Gemelas.

Después de ver el video me sentí turbado; incluso me sentí de la misma manera que cuando descubrí que los regalos de Navidad no los traía el Niño Dios.

Y aunque hasta el sol de hoy nunca he dejado de creer en la existencia del Niño Dios, sí que he deducido que los engaños, sea cuales sean, calan profundamente y que la verdad es hija del tiempo.

Termino, pacientes lectores, completando la frase que con su perdón dejé inconclusa en el título: Si me engañas una vez, tuya es la culpa;  si me engañas dos, la culpa será sólo mía.

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