Apoyo decididamente el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, como reza el nombre del histórico acuerdo suscrito entre la dirigencia de las Farc y el gobierno del presidente Santos.
Lo apoyo por la definición de una política a favor del olvidado campo colombiano, por reivindicar el importante papel del campesinado para nuestra economía y soberanía alimentaria. Los campesinos han sido el sector más sacrificado de todas las guerras vividas en Colombia, se les ha despojado de sus tierras, desvertebrado sus familias y negado el futuro.
Por estos nobles colombianos, apoyo sin vacilación este acuerdo que obliga al Estado a centrar su atención con presupuesto en la desgarradora realidad del campo, que nos provee además de alimentos, agua y oxígeno, elementos vitales para nuestra existencia en las ciudades.
Lo apoyo porque miles de colombianos decidieron abandonar las armas para siempre y someterse a la justicia colombiana, contribuir con sus confesiones en la reconstrucción de la verdad, tan cara para las víctimas del conflicto. Estos exguerrilleros esperan de nosotros y del Estado colombiano garantías, para -en el marco de la democracia- impulsar un movimiento político que exprese sus propuestas.
Esta apertura política servirá de soporte para que muchos otros ciudadanos, agrupados en movimientos sociales y populares tengan la personería política suficiente para interlocutar eficazmente con el Estado alrededor de sus reclamaciones históricas.
Lo apoyo para que los billones de pesos que gastamos en guerra sean invertidos en desarrollo social, económico, cultural y ambiental de nuestro pueblo, principal víctima de la violencia.
Mi apoyo es por la paz y la vida.
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