El próximo 2 de octubre estamos llamados a las urnas para responder la pregunta “¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?”. Es el plebiscito de la paz que busca aprobar lo pactado entre el Gobierno y las Farc en La Habana con el fin de terminar 60 años de conflicto armado.
El debate que desata el acuerdo de paz y el plebiscito es la discusión más importante sobre el desarrollo de nuestra nación que hemos tenido en la historia. Somos millones quienes no somos santistas ni uribistas, aquellos que no hacemos parte de la clase política tradicional ni gozamos de las mieles del presupuesto público, ciudadanos (trabajadores, estudiantes, empresarios, académicos, lideresas, artistas) que creemos en la posibilidad de un nuevo país, uno que tiene sus raíces en la esperanza, en la posibilidad y la convicción de que otra cosa es posible.
Es ahí donde nace el Comité Cívico por el Sí: “Sí a la esperanza”, una campaña que no es la de Gaviria, Roy, Dilian, Claudia López o las Farc, una que no favorece la tolda política de Uribe ni la de Santos; una campaña que no pretende llenar escenarios públicos de áulicos. Una expresión donde se hace público que decidimos: Sí. Votaremos Sí, por nuestros abuelos y padres; un Sí que quiero para mi futuro, para el de las generaciones que vienen; el Sí de mis hijos.
Un Sí para creernos capaces de construir la historia como la soñamos, en donde la voz de los que quieran hablar es la protagonista del país que queremos, una decisión que va más allá del cálculo político y del 2 de octubre.
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