En un país como el nuestro, donde las sanciones morales no existen y las judiciales menos, hechos como el robo de los dineros de la salud y de la alimentación escolar, a través de testaferros de políticos, dueños de la contratación estatal, gracias a su apoyo incondicional al gobierno de turno, seguirán ocurriendo sin que pase algo. Los rabos de paja no dejan ni dejarán que ocurra algo en beneficio del pueblo colombiano, absorto y anestesiado. Aquí la dignidad, el dolor y la patria poco interesan. Cada quién defiende lo suyo.
Solo nos queda que muchas más personas se preparen académicamente para que en un futuro mediato, dejemos de tragar entero.
Mientras tanto, voy a votar por Maurice Armitage para alcalde Cali. Creo que es el candidato más sincero, precisamente, por no estar contaminado de política mala, de esa que tanto daño nos hace. Dice lo que piensa, sin cálculo electoral. Cali necesita salir adelante, social, administrativa y económicamente.
No tiene compromisos politiqueros; además, lo acompañan magníficos personajes como Germán Villegas, quién debió ser el candidato del Partido Conservador; José Luis Pérez, joven congresista con un futuro enorme, y Clara Luz Roldán, gran mujer, con mucho carácter y gran sentido de pertenencia por Cali, su ciudad adoptiva. Igualmente, mi voto para el Concejo de Cali será por mi viejo amigo Omar Valencia Duque, de la lista conservadora; combativo y seguro luchador por la ciudad. Igualmente, debo destacar que un empresario de la talla de Diego Sardi de Lima, de Cambio Radical, haya decidido salir de sus ocupaciones empresariales para dar la lucha por una Cali positiva. Eso lo enaltece. Reflexionemos, caleños.
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