En los colegios de Colombia hay jolgorio porque esta semana eligen sus gobiernos escolares. Pero la Ley General de Educación de 1994, que los institucionalizó, todavía no convierte las escuelas en semilleros de la democracia. Es más, esos niños que iniciaron su escolaridad en 1994, cuando empieza a regir la norma, hoy hacen parte de los ciudadanos abstencionistas o que eligen a políticos que aprueban leyes nefastas o que son clientelistas y corruptos.
La Ley General no es la única causante de este estado de cosas, pero debe ser revisada y ajustada, por ejemplo, en lo relacionado con la conformación desigual de los gobiernos escolares. Los estudiantes son el estamento principal en las instituciones educativas, sin embargo entre los siete consejeros elegidos que conforman los gobiernos escolares, apenas tienen un representante.
Están integrados por: dos profesores, dos padres de familia, un estudiante, un egresado y un representante del sector productivo.
Podrá argumentarse que eligiendo un egresado se iguala la delegación estudiantil, pero no es lo mismo porque el graduado hace algún tiempo, ahora tendrá otros intereses. El otro órgano importante de los gobiernos escolares es el consejo académico porque aprueba los planes de estudio, los proyectos educativos y los sistemas de evaluación; pero los estudiantes no tienen representación. Los estudiantes también eligen su personero, quien en las instituciones velará por sus derechos y los debidos procesos, pero en muchos colegios para la aplicación de las sanciones disciplinarias no se cuenta con este vocero. Como lo determina la Ley 115 de 1994, los gobiernos escolares son semilleros en tierra árida donde se forman los futuros ciudadanos.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar






