El proyecto del nuevo Código de Policía superó su primer debate, no sin discusiones y dejando muchas expectativas entre ciudadanos y miembros del Congreso. En particular, dimos una fuerte pelea para incluir estrategias de reducción del consumo de sustancias psicoactivas desde un enfoque de salud pública y Derechos Humanos. Además, luchamos para insertar mecanismos efectivos que respondan a las demandas de seguridad de los colombianos. Debemos abordar la necesidad de responder a los crecientes problemas de inseguridad y falta de cultura ciudadana.
La encuesta de percepción de seguridad y victimización de la Cámara de Comercio de Bogotá encontró que el 89 % de los bogotanos piensan que el sistema de transporte público es el lugar en donde se sienten más inseguros, refiriéndose específicamente a TransMilenio. Según la encuesta, las mayores preocupaciones son los atracos (38 %). Del total de los encuestados, el 21% aseguró haber sido víctima de un delito en el transporte público. Esta situación demanda respuestas en el nuevo Código de Policía; por esa razón, incluimos en el primer debate medidas efectivas para mejorar la calidad del servicio de transporte público.
Creemos que como en la mayoría de los sistemas de transporte público del mundo, Colombia debe imponer la obligación de dotar a los buses de cámaras de vigilancia que sean monitoreadas desde el Centro automático de despacho de la Policía Nacional, so pena de que los operadores que incumplan, incurran en sanciones como multas e inmovilización del vehículo. Asumir un compromiso serio con la seguridad demanda la utilización de nuevas herramientas tecnológicas y el compromiso de privados que prestan un servicio público.
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