En noviembre de este año, el presidente Santos debe decidir si quiere o no la reelección; si la quiere, en marzo debe mover sus alfiles a diferentes campos y colocar un equipo tropero para la campaña y en la burocracia, porque ha llegado la hora de jugársela toda, si es que de verdad quiere ganar la reelección.
Santos no puede olvidar que en la otra orilla tiene a Uribe, cacaraqueando por la quiebra de sus tres huevitos, y espera combatirlo fuertemente en las elecciones de Congreso donde aspira a veinticinco o treinta senadores. Aunque esas elecciones responden a la maquinaria política regional y, en ese sentido, Santos cuenta con la Unidad Nacional (Partido Liberal, Conservador, Cambio Radical, gran parte de los Verdes y no pocos del PIN), esa tenaza no le permitirá a Uribe más de diez o quince curules en el Senado; no obstante, nadie tiene la verdad revelada y éste recorre el país con todo su equipo cacareando que ganará Congreso y pondrá Presidente.
Santos ha hecho las cosas, a mi juicio, bien: busca la paz con las Farc; logró la ley de tierras y víctimas; adelanta el plan de cien mil viviendas gratuitas; en fin, viene haciendo un buen trabajo, sin olvidar que nos golpeó la pérdida de mar territorial con Nicaragua, que reconocemos no es su culpa, pero debido a ello, unido al escándalo de la reforma a la justicia, perdió algunos puntos en las encuestas que pueden perjudicarlo si los equipos tanto de campaña como burocrático no salen a dar la pelea para que haya más santismo. Ha llegado la hora de cambiar el equipo técnico por un equipo político, más tropero.
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