Hay un principio básico enunciado en el siglo XIX al final de las guerras napoleónicas. Tiene vigencia desde ese entonces, pues dice que la guerra era un asunto serio y hacer la paz mucho más serio que la guerra misma.
Esta máxima parece que la ha olvidado el presidente Santos, pues desde que su hermano Enrique le elaboró la plataforma de negociación con las Farc, Juan Manuel creyó que lo que tenía en sus manos era una ruta de trivialidades que lo llevaría a convertirse en Premio Nobel de Paz. Nunca entendió que lo que su hermano le entregó fue un tratado de cómo rendir la democracia ante el narcoterrorismo sin asumir ninguna responsabilidad.
Lo acontecido en Buenos Aires, Cauca, donde en un acto de guerra y mediante la implementación de una emboscada, sigilosamente calculada por las Farc, se asesinó a once miembros de las Fuerzas Armadas, demuestra que, así como aconteció en el Caguán, este grupo terrorista concurre a cualquier negociación sin renunciar a la toma del poder mediante la combinación de todas las formas de lucha.
Santos es el responsable de lo acaecido. Al haber suspendido los bombardeos le entregó al enemigo la ventaja estratégica, se condenó a sí mismo a un suicidio y una derrota política, pues aceptó tácitamente la necesidad del cese bilateral sin condiciones.
Hoy la opinión pública, en un porcentaje del 70%, no solo rechaza la ruta santista de entregar la soberanía, sino que se encuentra estupefacta ante la manera como el Presidente respondió a la emboscada.
Santos retoma los bombardeos después de haberse equivocado por frívolo y por desconocer que la paz y la guerra son asuntos de seriedad y coherencia.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

