San Antonio y sus demonios

Carlos Cuervo

¿Inseguridad, violaciones patrimoniales, invasión comercial, el único parque de Cali a escala de ciudad, extrema presencia de indigentes, desunión ciudadana, dificultades de parqueo y movilidad?

Sí, todas estas fallas subsisten desde hace años, pero no son el fondo principal de sus problemas porque son demonios pequeños vencibles a base de concertación, acciones y sociabilidad.

Su verdadero leviatán, reflejo a pequeña escala de la sociedad colombiana, es la avidez absolutista de poder demostrada por una camarilla, que además se rehúsa a aceptar que Cali ha mutado y dejó de ser la glamorosa villa de antaño.

Estos viudos del poder recurren a artimañas que desde Goebbels, ministro nazi, son comunes para deslegitimar a quienes piensan diferente, mentir y difamar, puesto que una mentira repetida cientos de veces se convierte en una realidad.

Pero si esas estratagemas no producen resultados, el paso siguiente es contraatacar a los funcionarios del Estado, colmando los despachos con cientos de derechos de petición y quejas infundadas sobre hechos intrascendentes, pero la seguridad, la infraestructura de vías y barandas, los muros del parque o el alumbrado público no son prioridad.

Pero estas líneas no son sino una pequeña imagen de la realidad sociológica del país en donde se explota la confrontación sin argumentos, la lucha de clases, los sesgos religiosos, las diferencias de género y el poder pasajero que otorgan los cargos y posiciones directivas para castigar o aprovecharse de los demás, olvidando lo esencial para convivir en sociedad.

En San Antonio como en Colombia deberíamos preocuparnos por conversar y negociar para sumar, no en discutir y disgregar para destruir.

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