El próximo 27 de junio las Farc dejarán de ser una guerrilla, atrás quedará medio siglo de guerra, dando inicio a un período de la historia en donde el tema de las armas dejará de ser el único recurso de nuestra racionalidad política. En esta nueva etapa tendremos que recuperar la política como ejercicio inteligente, civilizado, contrario a las emboscadas, los falsos positivos, los atentados, la apelación al odio, el despojo, la trasgresión legal, el mesianismo y a todas las lacras que han caracterizados estos 53 años de degradación nacional.
El espectro político será impactado, el discurso de la fuerza y el miedo perderá asidero histórico, sus pregoneros se quedarán desgañitándose solitarios con el megáfono al hombro, desconcertados por la desatención de su grey.
Intentarán inventarse otras guerras, atentarán contra la nueva realidad, pero nada volverá a ser igual, el poder con el que se regodeaban se hizo “trizas”. Quedarán reducidos y cercados en su caverna, sin los micrófonos de los grandes medios con quienes se burlaron del país; ya nadie querrá escucharles, salvo algunos nostálgicos que no alcanzan a comprender el alcance del movimiento telúrico que conmueve los cimientos de la sociedad colombiana.
La política sin armas será quien dirima la orientación del curso de la historia, el debate ideológico marcará el talante de los gobiernos. Si no somos capaces de instalar un auténtico proceso democrático, y permitimos que nos superen quienes no tienen otra oferta que el status quo, seremos un pueblo sin esperanza.
“La suerte está echada”. De nuestra resolución patriótica en la implementación de los acuerdos, pende la suerte de Colombia.
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