Retos por la paz

Carlos Cuervo

El camino que debemos recorrer para conseguir la paz parece la solución de una paradoja (contradicción lógica). De un lado está el Presidente con sus áulicos, del otro el Centro Democrático y sus secuaces y en medio de ellos los matices entre la ciudadanía. Aun así dizque aspiramos a vivir en un país sin guerra.

¿Pero cómo construimos el escenario legal y la normatividad para implementar y construir una paz estable y perdurable? La respuesta al interrogante es el motivo actual de discusiones entre defensores y detractores del proceso, aunque ya el Presidente decidió firmar el nuevo pacto al momento de escribir estas líneas.

La firma de un papel no es garantía para disminuir el espíritu violento alojado entre nosotros y la cruel demostración es que nuevamente asistimos a un metódico exterminio de simpatizantes de la izquierda y grupos afines desde hace meses. No se han secado las firmas del acuerdo, cuando ya se recrudece la matanza de partidarios de esta doctrina.

Estos hechos separándolos de la disputa ideológica manifiestan un irreconciliable estado mental entre colombianos, el cual exterioriza oposición a cualquier intento de apaciguar la guerra.

Esta reflexión además nos encamina a entender el porqué de demostraciones y desfiles públicos, razonamientos académicos sesgados en simposios y sátiras y reclamos en redes sociales, manifestaciones del desacuerdo en nuestros corazones.

Por ello el esfuerzo de los defensores del proceso debería centrarse en convencer y enamorar a los que por motivos diferentes combaten la reconciliación a través de desarmar los espíritus propios y de los contrarios. ¿Sencillo? Claro que no, pero ahí tienen la verdadera cruzada.

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