En 1978 se publicó mi libro Reportaje crítico al cine colombiano, editorial Toronuevo. Unos días antes o después, apareció el libro Historia del cine colombiano, de Hernando Martínez Pardo, son los dos textos fundamentales para conocer los orígenes y las décadas fundamentales de los años sesenta y setenta de algo que era muy inestable, el cine colombiano. No es como ahora, que se producen muchos largometrajes y obtienen muchos premios internacionales.
Mi libro entrevistaba 14 directores de cine. Sin embargo, también era una reflexión sobre la época y las posibilidades de hacer proyectos cinematógraficos. En su época el libro alcanzó un gran reconocimiento, lo lanzamos en Cali, Bogotá y Cartagena, en un festival, nuestro paraíso para ver cine y rumbear como locos, hacer amigos y bailar en la Escollera.
Jorge Mario Aristizabal estuvo en el pasado Festival de Cine, al cual no voy desde que murió Víctor Nieto, y encontró una revista o libro con el título de Cuadernos del cine colombiano, donde publican un ensayo sobre mi libro, escrito por el mexicano por David M. J. Wood, donde hace un análisis profundo de todo mi trabajo, de mi labor como entrevistador pero con una perspectiva de crítico, colocando a los entrevistados en una reflexión muy especial para la época, mucho más politizada que hoy en día.
Wood dice en un párrafo: “Claro está que la sustanciosa introducción de Valverde, así como la agenda que pone al seleccionar y al cuestionar a sus entrevistados, impiden que veamos su libro como un vehículo invisible y sin mediaciones de las visiones de los cineastas que entrevista. Al incluir en su texto sus propias preguntas –muy parecidas entre sí en la mayor parte de las entrevistas- Valverde evita los problemas que Ana López identifica en entrevistas con cineastas latinoamericanos publicados en los años sesenta y ochenta por Marcel Martin y por Julianne Burton, quienes al excluir sus propias voces de entrevistadores, dejan de incorporar su propia otredad en el texto, de esta manera dando la impresión de que el texto ofrece una destilación pura de las ideas de los entrevistados”.
Ciertamente lo he leído con agrado y sorpresa, después de 30 años alguien entiende también toda la importancia de mi libro, que ha sido texto básico en universidades de cine, como en la Nacional de Bogotá. Es la gratificación que le da a uno la vida. Saberse bien leído y bien interpretado.
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