Alberto Ramos Garbiras

Refugiados, migraciones y éxodos-II

Alberto Ramos Garbiras

La globalización de las comunicaciones nos está mostrando imágenes diarias de refugiados y migrantes no voluntarios que cruzan fronteras exponiendo la vida porque ya no pueden permanecer en su país de origen, recalan a otro estado y se exponen a la expulsión, a la xenofobia y a las humillaciones.

Los rechazan porque no quieren verlos cerca a las barriadas de donde llegan, por un asunto de piel, por la disputa de los puestos de trabajo, por temor a brotes de violencia. Los países de donde más están saliendo son: Siria, Afganistán, Irak, Eritrea, Sudan, Nigeria, Pakistán.

Los refugiados y migrantes quedan como trashumantes sin destino final, como semovientes humanos con un tratamiento infame. Piensan llegar a un estado pero en la ruta de búsqueda terminan en otra parte después de recorrer Jordania, El Líbano, Turquía u otro estado como Macedonia o Serbia. Son víctimas de los traficantes que los esquilman y transportan en balsas sin ninguna seguridad. La expulsión de personas por la razón que sea los arranca de su nación y los expone al infortunio.

La Unión Europea no ha encontrado aún la solución apropiada pese a los intentos para distribuirlos proporcionalmente.

Alemania ahora se muestra más aperturista para recibir cuotas de refugiados, pero los confina en centros de internación  para extranjeros, aislándolos de la vida urbana común, o sea de la ciudadanía alemana, sin opciones de integración, otra cárcel simulada.

Este caos humanitario es otro de los problemas creados por las inequidades de la economía y que paradójicamente no ha podido resolver la globalización que transfronteriza mercancías, comunicaciones, normas jurídicas, turistas, tecnologías, pero no puede manejar las migraciones masivas de expulsados que necesitan traspasar fronteras para sobrevivir.

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