Los colombianos llevamos varias semanas escuchando sobre la refrendación de los acuerdos que lleguen a firmarse en La Habana, es decir de qué manera los colombianos nos pronunciaremos sobre lo pactado con las Farc.
Se han expuesto varios mecanismos, entre ellos, el referéndum, el plebiscito, la consulta popular nacional.
Otra cosa es la implementación que exigiría diferente procedimiento como la asamblea constituyente o actos legislativos posteriores.
Y se viene adelantando un procedimiento express para crear una comisión especial legislativa que reemplace temporalmente al Congreso para darle facultades extraordinarias al Presidente a fin de implementar lo acordado.
Todo esto puede ser entendido por abogados enterados o por estudiantes destacados, o por miembros preparados de la clase política, o por constitucionalistas, pero no por el común de la ciudadanía que puede mirar este conjunto de instrumentos como un galimatías.
La implementación sí es necesario adelantarla después de la firma de los acuerdos, pero la refrendación es una necedad y un asunto bobalicón porque ya la población votante lo demostró el año pasado en la segunda vuelta electoral para reelegir al presidente Santos.
Esa campaña electoral que Zuluaga adelantó en nombre de la guerra la perdió y las mayorías avalaron en las urnas la necesidad de la paz.
Entonces sobra la refrendación que daría la oportunidad para una campaña que polarice a Colombia y surja un nuevo factor de violencia.
La disputa sería entre los mismos que ya se pronunciaron dos veces, con el riesgo que quienes hagan la campaña por la continuación de la guerra aticen los ánímos con argumentos sesgados y maledicentes.
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