La propuesta de institucionalizar el grado 12 en la educación colombiana nos recuerda anteriores reformas que tras implementarse unilateralmente no se les vio óptimos resultados, porque sólo estimaron la cantidad, siendo que se requerían integrar: cantidad, calidad y forma.
A mediados del siglo pasado por la falta de disposición de instalaciones se decidió terminar con la jornada única educativa de todo el día; prescindieron de la calidad y sólo estimaron la forma y la cantidad.
La promoción automática fue la más reciente y vimos cómo propició el desinterés académico entre los estudiantes y la apatía ante sus obligaciones. La propuesta del grado 12 debe convocar los estamentos, relacionarse con las pruebas de Estado, confrontar la cantidad de tiempo y la calidad de los contenidos, fundamentarse con estadísticas, integrarse con el nivel de básica primaria y proyectarse hacia la educación superior.
La propuesta no es tan novedosa porque en oportunidades anteriores ya se habló del grado cero que después se denominó como nivel de transición y hasta se propuso que la básica primaria se extendiera al grado 6.
Recordemos también que mientras en otras partes se cursaba la preparatoria o nivel vocacional, en nuestro país algunas universidades ofrecían el semestre introductorio.
Cuando se vuelve a buscar una salida a la crisis de la calidad educativa, para evitar otro ensayo que a la final empeore las cosas, deberá indagarse qué piensan los estudiantes, los docentes, los rectores, las autoridades de la pedagogía y los padres, para que el Ministerio de Educación diagnostique objetivamente si es pertinente la institucionalización del grado 12, teniendo en cuenta que en instituciones piloto ya se venía implementando una jornada complementaria con actividades lúdicas y de refuerzo académico.
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