En el 2012 el Gobierno Nacional confirmó los diálogos con la guerrilla de las Farc en Cuba. Un año después nuestro papel de ciudadanos es protagónico en este proceso.
El proyecto del referendo por la paz que cursa en el Congreso, contribuye a fortalecer este papel y la sostenibilidad de los acuerdos.
Sobre el referendo por la paz hemos oído mucha desinformación; permítanme hacer algunas claridades: Se ha dicho que es inconstitucional que se lleve a cabo el mismo día de las elecciones.
Tal prohibición no existe en nuestra Constitución; en cambio, el legislador en la Ley 34 de 1994 la consagró, por lo que se propone que esta norma sea modificada a través de una ley estatutaria.
También se ha dicho que el actual proyecto será la oportunidad perfecta para que las Farc lleven a cabo una campaña armada en favor del referendo que constreñiría a los ciudadanos a través de la fuerza, para dar el sí. Es un riesgo.
Precisamente por eso, la ponencia busca dar claridad en que, de llevarse a cabo la votación, será indispensable la dejación de las armas y las hostilidades por parte de la guerrilla, y, además, contempla un nuevo artículo que reitera la prohibición de ley de hacer uso del proselitismo armado.
Se ha dicho que el referendo niega el voto libre del ciudadano. Nada más alejado de la verdad. Los electores podrán contar con cubículos separados, la expedición de una tarjeta electoral independiente, y la libertad de señalarles a los jurados de votación que no desean recibirla. Así, buscamos garantizar que el sufragante pueda tomar una decisión de manera libre en relación con si vota o no el referendo, y a su vez si lo vota de forma positiva o negativa.
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