Cuando pequeños nos decían que en los 24 de diciembre \”nacía el niño Dios\” y que si nos acostábamos temprano, nos traería
regalos; ya grandes nos dimos cuenta que esa fecha era para conmemorar ese nacimiento pero, lo de los regalos nos corresponde a nosotros meternos la mano al dril, si este no tiene los bolsillos rotos. Esa costumbre se cumple, estrictamente, en los países occidentales, es decir, donde predomina el cristianismo porque, esa es otra incógnita, los musulmanes festejan en otra fecha y en distinta forma, al igual que los orientales, donde su dios tiene otro nombre.
En fin, lo importante es que Dios está en todas partes, no importa ni fecha ni calendario. Eso nos permite a las familias reunirnos, reconciliarnos y festejar, en algunos casos moderadamente y, en otros, lamentablemente, con mucha pólvora, causal de tragedia y dolor. Qué le vamos a hacer, esa es, dicen, nuestra cultura.
Lo cierto es que esa fecha es insalvable. Es la época de los grandes gastos.
Afortunadamente, para ello existen las primas legales y extralegales; las bonificaciones y dividendos para los accionistas y empresarios.
La plata debe alcanzar o si no toca estirarla con mucha imaginación, sobre todo hoy, donde predominan, ya no los BlackBerry sino las tabletas, IPod y celulares de última generación en seres afiebrados por la novedad o, en otras, las promesas de \”regalar\” el implante de senos y nalgas artificiales. Algunos reciben vehículos de alta gama. Lo que importa es, vaya si no, que en navidad y año nuevo hayamos pasado bien al lado de quienes queremos. Y que tratemos de ayudar a los que no tienen; es una forma de amar al prójimo y de neutralizar tanto resentimiento.
Muchas gracias a todos en el periódico.
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