En tremenda gazapera se convirtió la Alcaldía de Cali. La lista de aspirantes a ocuparla a partir del primero de enero del 2020 no es un abanico, es un mercado persa.
Hay de todo, a sabiendas de que solo dos tienen la mayor posibilidad de ganarla, si es que a uno de ellos no lo inhabilitan antes.
En similar circunstancia está, aun cuando en menor proporción, la Gobernación del Valle.
Lo cierto es que muchos candidatos se inscriben para que sus nombres aparezcan en letras de molde o se divulguen en micrófonos, con la esperanza de que los financiadores de campañas los llamen a “negociar” o se firmen “compromisos” en los que se involucren cargos de secretarías de despacho o direcciones en los que se administren inmensos presupuestos que sirvan o permitan obtener prebendas o recuperar recursos invertidos, con indexación incluida, que es lo que al final interesa, donde los votantes son los que menos preocupan.
Antonio Sola, uno de los cinco mejores estrategas o consultores políticos en el mundo, aduce que la mala política debe desaparecer por el bien de la humanidad, pues según él, las calamidades que vive el planeta, siendo el más vulnerable el del cambio climático, se deben a las malas prácticas y a la incapacidad y corrupción de quienes gobiernan o quieren gobernar.
Este señor pregona que los discursos, sobre todo los mentirosos, deben cambiarse por abrazos, y que las ideas deben reemplazar las ideologías, que hoy más que nunca, hacen demasiado daño.
Miro la lista de candidatos, con excepción de uno o dos, y la verdad, me da grima.
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