Realismo político

Fabio Cardozo

Colombia ha sido un país con una enorme tradición “leguleya” que algunos llaman “santanderismo”, consistente entre otras, en buscar solucionar con leyes nuestras mayores dificultades como sociedad, es decir, frente a la ausencia de salud y educación para el pueblo creamos el derecho, lo jerarquizamos incluso a rango constitucional, así jamás haya existido la voluntad del poder político en reconocerlo; así mismo, cuando algún delito nos acosa por su recurrencia, entonces tramitamos una ley que incremente su pena, así el problema central sea la impunidad.

Nosotros tenemos un copioso código penal, pero los delincuentes andan en libertad, gozando de la proverbial impunidad, quedándonos siempre con las “investigaciones exhaustivas”.

Mejor dicho, las leyes que debieran ser el reflejo de la realidad, que la preceden, que están concebidas para modificarla o para garantizar el statu quo, en Colombia por el contrario van por un lado y mientras el país por el otro, la ley se convierte en una abstracción que nada tiene que ver con nuestra experiencia fáctica.

Toda esta carreta para decir que actualmente cursa en el Congreso un proyecto de ley que permitiría hacer política a los funcionarios públicos, salvo a los agentes de los organismos de control, los militares y los policías. En esta oportunidad, la iniciativa legislativa está concebida con realismo y apoyada en la cruda realidad.

En Colombia solo los empleados públicos hacen política, incluyendo también, los de los organismos de control, el resto realmente poco participa, poco les importa. Es mejor reglamentar su consuetudinaria práctica y afinar los controles, también para los “controladores” que, parecieran  contar con patente de corso.

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