Este mes que se cumplen cuarenta años de la muerte de Pablo Neruda, nuestro Poeta Campeador Latinoamericano, sería bueno que los docentes lo reivindicaran en sus clases de lengua castellana.
Sus “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, serían el mejor analgésico para aquellos jóvenes ávidos de ternura y amor.
La lectura de su poema épico “Canto general”, sería la manera más pedagógica para motivar el conocimiento de nuestra historia. Las reflexiones de sus “Odas elementales”, sería la mejor cátedra de ética y estética.
Con la lectura de la poesía del Premio Nobel chileno, llenaríamos ese gran vacío humano en el “día del amor y la amistad”. Además, al hablar de Neruda y al contextualizarlo con septiembre de 1973 en Chile, les enseñaríamos a los jóvenes que hubo otra fecha trágica.
Enterando a los jóvenes de que el muchacho Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, para no abstenerse de ejercer su sensibilidad poética ante las prohibiciones de un padre incomprensible, firma sus versos con el seudónimo de Pablo Neruda, les entregaríamos la mejor lección de paz y tolerancia.
Pero en el mes del amor y la mistad, además de permitir que Pablo Neruda vuelva a la escuela cargado de poemas de amor, debemos abrirle las puertas a toda esa pléyade de poetas latinoamericanos: José Martí, Rubén Darío, Nicolás Guillén, Rafael Pombo, Julio Flórez, Porfirio Barba Jacob, Eduardo Carranza, León de Greiff, Carlos Castro Saavedra y todos los demás. “Me gustas cuando callas, porque estás como ausente…” fue su antídoto contra el desamor.
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