Esta semana escuché dos historias que me dejaron muy desmotivada sobre el futuro de nuestra ciudad. Mi hermano es abogado y hace dos años adelanta ante la Dirección de Hacienda una reclamación de impuestos para una clínica.
La dependencia ha dejado vencer todos los términos y ha sido imposible lograr una devolución que técnicamente no tiene objeción.
La segunda, me la contó un constructor que hace tres años lidia con múltiples dependencias para lograr los permisos para un proyecto de gran envergadura.
Ambos se sienten agotados, frustrados y furiosos. Los dos tienen la percepción de que en la administración no se mueve un papel si no se le da un billete a ciertos funcionarios, atornillados en sus cargos gracias a los jefes políticos que explotan las dependencias. Ambos se niegan a pagar y parecen estar resignados a que sus proyectos fracasen por no entrar en el juego.
El alcalde Armitage lo supo desde el principio y prometió acabar con los “peajes” que imponen los mandos medios. ¿Como irá en ese propósito? Solo él, un mandatario sin proyecto político y sin ataduras, con secretarios que no son cuotas de nadie, pueden lograrlo.
Sanear la administración requiere desvincular a mucha gente, funcionarios con padrinos poderosos que me supongo hacen parte del negocio. En buena hora en nuestro país se vienen visibilizando las consecuencias de la corrupción.
Una de ellas, que pocos perciben, es el impacto en la economía. ¿Qué significa para una empresa que no se le devuelvan impuestos que pagó de más? ¿Qué significa para la ciudad cada proyecto que no arranca? ¿Cuántos puestos de trabajo se pierden? Alcalde, que la camisa se le haga bomba, se le está haciendo tarde para dejarnos ese legado. Sanee el CAM, elimine los peajes y vuélvalo eficiente. Solo así Cali progresa con usted…
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