¡Que cañengo!

Fabio Cardozo

Los guerrilleros de las Farc hace rato decidieron dejar las armas, saben que el poder político se define en escenarios distintos de la guerra; su apuesta central se encuentra en la implementación de los acuerdos y en la configuración de una fuerza política capaz de convertirse en opción de poder.

La estrategia de los opositores del proceso de venderle al país la idea que las Farc dejarán armas escondidas, que están dilatando la entrega de su arsenal a la ONU, que sus milicianos dejarán una reserva u otras parecidas, no tienen ningún asidero, salvo el protervo propósito de generar desazón y desconfianza en el carácter ineluctable de la paz pactada.

La dejación de las armas no se ha verificado por dificultades logísticas asignadas a actores distintos de las Farc, de ahí la ampliación a veinte días del plazo vencido. De haber sido la mora responsabilidad de la guerrilla, el gobierno habría sido el primero en reclamarle.

Es preciso recordar que la obligación de cumplir con el acuerdo de paz no solo corresponde al Gobierno Nacional y las Farc, el compromiso es de todo el Estado colombiano. Cuando el presidente Santos firmó el acuerdo en el teatro Colón, lo hizo en nombre de la sociedad colombiana y en representación del Estado por encarnar la suprema autoridad de la República.

La obligación se estableció hasta para quienes no comparten los términos del acuerdo y se hace imperativa para el conjunto de la institucionalidad nacional. Las armas de las Farc se harán trizas y con ellas, se construirán monumentos a la paz que harán trizas esta guerra con su fardo de dolor.

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