Punto final

Fabio Ariel Cardozo

Los colombianos tenemos la tendencia a radicalizarnos sobre aquellos asuntos en que no estamos involucrados o comprometidos, contamos con una moral ciertamente elástica, la estiramos con base en nuestras particulares necesidades o la ajustamos frente a nuestras inclinaciones ideológicas en el mejor de los casos, porque en no pocas veces responde más a nuestros odios y animadversiones.

Para estos días estamos asistiendo a la condena del general Arias Cabrales y hace apenas un tiempo a la condena del coronel Plazas Vega, los dos en uso de buen retiro y, desde luego, inmediatamente se escuchan voces de inconformidad, refriéndose además, al hecho de que los autores de la toma del palacio, los del M-19, andan ‘orondos’ en los vehículos oficiales, gozando de la ‘impunidad’ otorgada en su momento por el Estado. Lo anterior es cierto, pero… no es el tema que me ocupa, me quiero referir mejor a la imperiosa necesidad que tiene Colombia de emprender un proceso sincero de sanación, de sutura definitiva de las heridas dejadas por la última guerra, esa misma que hoy padecemos y que intentamos superar.

Soy partidario, luego de muchos años, de adelantar la discusión sin moralismos e ideologismos de una ley de punto final, que tenga como fin primordial la paz, siendo esta más importante que la justicia, como lo sentenciaba recientemente el presidente Mujica, de Uruguay. Todos sabemos que a las víctimas les interesa más la verdad y las garantías de no repetición que la justicia vindicatoria, reclamada especialmente por influyentes sectores políticos y conductores de opinión.

Con la venia de las víctimas directas, estos altos oficiales, junto con los guerrilleros, deberían ser objeto del beneficio de esta ley, siempre que den muestras de arrepentimiento y pidan perdón.

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