Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Pueblito viejo de mi corazón

Luis Ángel Muñoz

Dedico esta memoria histórica a la generación que habita apartamentos de 50 metros cuadrados en esta ciudad hacinada.

Terrón Colorado, es un barrio cuyos recuerdos produce nostalgia en quienes de niños lo disfrutamos como una vereda y que pensábamos había inspirado a José A. Morales para su Pueblito Viejo: “Lunita consentida colgada del cielo/ como un farolito que puso mi Dios/ para que alumbrara las noches calladas/ de este pueblo viejo de mi corazón/”.

Hace dos siglos nació el barrio San Antonio, poblado por las personas que se posesionaron de la colina contigua al colonial barrio La Merced. En los años 50 del siglo XX, le siguió Siloé, albergue de inmigrantes que huían de la violencia partidista.

Y en esos años, Terrón Colorado completó la trilogía, sobre la meseta junto al cañón del río Aguacatal, al principio considerado vereda por su paisaje y demografía. Fundado por familias pastusas y arrieros, motivados cuando procedentes de Dagua pasaban por este camino obligado llevando sus cargas a lomo de mula hasta la galería El Calvario.

Terrón Colorado no tenía nomenclatura de calles y carreras, se orientaba por los callejones La Legua, El Trapichito, La Central, Palermo, La Variante y El Tablazo.

El Aguacatal era un río lleno de peces, donde cotidianamente bañábamos mientras nuestras madres lavanderas “sentadas a la orilla de la límpida quebrada, terminaban su jornada porque la ropa les brilla”.

En 1960, estrené la “Ulpiano Lloreda”, su primera escuela pública. Mi primera comunión en San Ignacio de Loyola. “Quiero pueblito viejo morirme allí en tu suelo, bajo la luz del cielo que un día me vio nacer”…

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar