Hoy miércoles veintiocho de abril, día en que se publica mi nota editorial del Diario Occidente, es el convocado Día del Paro. Justo en medio de una pandemia y de una compleja crisis de tipo social y económica como no tengo memoria, se adelantará en todo Colombia una gran protesta nacional.
Sería ingenuo y obtuso no reconocer que hay un ambiente complicado, un caldo de cultivo que propicia las condiciones para que se desencadene -Dios no lo quiera- una “Tormenta Perfecta” y con posibles repercusiones dramáticas. Recuerdo como si fuera ayer el pavor que padecí junto con mi familia durante la noche del paro anterior. No obstante, hay mucho porqué protestar.
Personalmente tengo varias razones para quejarme. Y creo sin temor a equivocarme que a estas alturas la insatisfacción es general, aunque reconozco también que existen numerosos y muy distintos motivos para salir a rezongar. Aprovecho estas cortas líneas y el hecho de que el día de su publicación coincide con el del gran paro para sentar aquí mi voz de protesta.
Protesto por la ineficiente, corrompida e inoperante justicia que opera en nuestro país. La justicia es la piedra angular sobre la que se puede construir una sociedad sana.
Protesto por la aberrante corrupción que impera en todos los rincones del suelo patrio. Funcionarios y políticos corruptos que solo buscan satisfacer sus intereses económicos esquilmando a los contribuyentes. Individuos cuya desmedida ambición de poder desdibuja el noble y altruista concepto griego de la política.
Y finalmente, protesto por la falta de diligencia y celeridad en el proceso de vacunación… ¡Necesitamos crear la ansiada inmunidad de rebaño, pero YA!
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