Protestas y desobediencia civil

El paro nacional agrario venía precedido por dos grandes protestas nacionales, la de los cafeteros y la del Catatumbo, y una serie de protestas menores pero en escala. En agosto se sumaron a los camioneros, cafeteros, mineros, cacaoteros, indígenas, estudiantes, también los paneleros, lecheros, paperos, cebolleros y otros; pero las fuerzas políticas de oposición al Gobierno nacional motivadas por la próxima coyuntura electoral alentaron también las protestas. La misma derecha del Centro democrático, disidente del partido de la U, más el Polo Democrático, la Marcha patriótica, y la guerrilla misma, todos interesados en la desestabilización del presidente Santos.

La crisis nacional del campo agravada por la continuidad de la guerra interna, por la falta de una reforma agraria real, por el desequilibrio de precios ante la entrada de productos enlistados en el TLC, el desmadre de la explotación minera y las necesidades básicas de los campesinos no cumplidas, son el combustible que permitió convocar a tan diversos sectores.
A nivel general, las protestas masivas sirven para corregir las desviaciones del poder o para defenestrar a quien está en el poder; depende de la coyuntura política, la intensidad de la protesta, su impacto y de la corrección, o no, de la desviación del poder.

Cuando el pueblo se amotina y promueve la resistencia es porque ha percibido la injusticia del derecho. La población indignada sale a las calles, desconoce el derecho vigente y reclama cambios. Si no se producen esos cambios, se gestan revueltas, luego confrontaciones con el ejército. La resistencia es una forma de oponerse, si el gobernante civil escucha, acata y corrige, entonces disminuye la resistencia. Si el gobernante es contumaz y extrema las medidas impopulares, estallará la desobediencia civil hasta llegar a la explosión social.

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