Protestas sociales de indignados

Las protestas masivas de indignados de los últimos tres años no solo envuelven serias reclamaciones sociales sino que reflejan los conflictos urbanos. Son estas protestas otro laboratorio para la ciencia política porque permiten observar y analizar las crisis en las ciudades y desde ellas las peticiones colectivas del cambio.

Es la sumatoria de sectores que reclaman contra el sistema imperante en un país, pero no es una masa homogénea. Cada sector tiene voceros desde las organizaciones a las que pertenecen; otros acuden por la citación de las redes sociales. Se aprovecha la coyuntura política para protestar, salir a la calle, tomarse los espacios abiertos y rechazar las políticas públicas inconvenientes. No salen dispuestos a adelantar la lucha de clases. No piensan que están contribuyendo a impulsar la revolución social para acabar con la clase hegemónica.

Las motivaciones y aspiraciones son identitarias de sectores sociales o colectivos interesados en resolver sus asuntos (estudiantes universitarios, feministas, viviendistas, religiosos, punks, anarquistas, sindicalistas, estudiantes, ambientalistas, grupos Lgbti…), esta multiplicidad de identidades con disímiles temas suma participantes, pero paradójicamente diluye la fuerza negociadora o el objetivo final de las protestas. Por ejemplo, en Brasil la corriente inicial de las protestas passe livre defectó, se retiraron de las marchas cuando el gobierno de Dilma Russeff bajó la tarifa del transporte.

Esa misma suma de reclamos por identidades y expresión de los colectivos sociales, va en contra de la organización de la protesta. Como quiera que no han sido convocados por líderes tradicionales o visibles . La falta de organización hace perder a veces el rumbo a las transacciones. Y hace transitorio el movimiento.

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