Protesta sí, Vandalismo no

Gabriel Velasco Ocampo

Colombia, aunque algunos con infamias y argumentos falaces busquen negarlo, es una democracia representativa, que a pesar de los embates sufridos ha logrado mantener una estabilidad que permite el ejercicio de las libertades, de pensamiento, de expresión, entre muchas otras. Sin embargo existe una gran diferencia entre estar en oposición a una idea, acción o gobierno y la violencia o el vandalismo; un accionar que no puede ser legitimado por ningún sector de la sociedad.

Por eso he visto con especial preocupación la actuación de algunos líderes políticos de nuestro país, que en los últimos días se han dedicado a incendiar el país, dirigir mensajes violentos y atacar la institucionalidad. Algunas acciones que van desde masificar en sus redes sociales videos donde atacan a la fuerza pública, hasta impedir procedimientos policiales legítimos o burlarse de amenazas a jóvenes que visten el uniforme de la policía nacional con el sueño de aportar en la construcción de un mejor país, han sido protagonizadas por congresistas en los últimos día.

Resulta cuando menos paradójico hacerse elegir, como representante institucional de un sector de la sociedad y usar su curul para celebrar los actos de quienes incendian el país y buscan minar la institucionalidad que sostiene la democracia colombiana.

No me malinterpreten, la oposición; de la cual he hecho parte, y la protesta; de la cual he participado en múltiples ocasiones, son bastiones fundamentales en cualquier régimen democrático, y así lo ha entendido Colombia, que como Estado ha hecho importantes avances para la protección de la misma. Sin embargo es importante exigir que estas actividades se lleven dentro del marco de la ley, con las ideas como grandes protagonistas y no con el fuego y la violencia como han buscado instaurar desde algunos sectores.

Cómo sociedad debemos hacer un llamado de responsabilidad a los líderes que nos representan, para que desde su discurso y accionar honren la actividad para la cual fueron elegidos, la del debate, la deliberación y las ideas, respetando los más de 200 años de construcción republicana en Colombia. No permitamos que bajo ninguna justificación se busque legitimar la violencia como manera de instaurar las ideas y mucho menos llegar al poder. Nuestro país debe cerrar filas, como lo he dicho previamente en este espacio, en defensa de la institucionalidad y la democracia. Cuidado con los líderes mesiánicos que han demostrado una y mil veces que están dispuestos a incendiar a Colombia para obtener sus intereses personales.

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