La legislación en Colombia impulsa a que se cometan hechos como el descuartizamiento de un caballo o la matanza de un toro, y esto sigue dejando al descubierto lo cavernícolas que llegamos a ser los humanos.
Hace algunos días se hizo pública la muerte de Príncipe, un perro que dejó de vivir por la intolerancia de alguien que no supo resolver sus diferencias humanas y terminó salvajemente desquitándose con quien no debía.
Hoy sólo se habla de Príncipe y del famoso corredor Sebastián Toro, su agresor. Hoy un grupo de ciudadanos viene proponiendo la creación de una ley en la que se pueda castigar a quienes maltratan a los animales. Hoy, a través de las redes sociales se castiga al corredor no sólo escribiéndole insultos sino hasta deseándole su muerte.
Lo anterior sigue demostrando que en este país muchos colombianos hablamos de ser tolerantes cuando actuamos con intolerancia. Yo sólo espero que la muerte de Príncipe no quede en el olvido y que la indignación de cientos de colombianos (me incluyo) se transforme en ideas y que el señor Sebastián Toro siga asumiendo las consecuencias de su pérdida de control y entienda que el retiro de patrocinadores como LAN, Marca País, Spinning Center, entre otras, es la respuesta al haber matado de un disparo a Príncipe.
Resulta muy triste que en este país el maltrato a los animales no sea delito y poco se pueda hacer para castigar a los responsables.
Ya nos hemos dado cuenta de que las contravenciones, los llamados de atención o las penas de arresto preventivo para quienes atentan contra los animales son poco efectivas y por eso los animales siguen estando expuestos a cualquier hecho violento.
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