Los paros de maestros afectan a la población según la urgencia de solución por parte del Gobierno. Recuérdese los de 1971 y 1976, cuando los estatutos docentes fueron la causa de los conflictos y, los de 1982 y 1986, por deudas prestacionales que llevó a los educadores a parar. Comparados con el iniciado el pasado 11 de mayo a nivel nacional, hallaremos como afinidad que se prolongan varias semanas.
Tratándose del gobierno de Juan Manuel Santos, encontraremos como gran diferencia que él debe recordar que para mantener la paz social “el maestro no puede ser un paria”.
En otrora, igual como sucede hoy, los informes oficiales dirigidos a la opinión pública sólo hacían balances de la afectación a los estudiantes y de la resistencia de los negociadores. Finalizados los conflictos, porque el ministerio de educación no desconocía la legalidad de los pliegos, siempre se demostraba el descuido estatal con este servicio público y que eran justas las exigencias docentes. Nos explicaríamos la gran diferencia de tales paros frente al actual releyendo la columna que Juan Manuel Santos publicó en EL TIEMPO el 3 de marzo de 2000:
“No se entiende el trato de tercera que se les está dando a la educación en general y a los maestros en particular” (….) “De manera que si queremos sobrevivir en este mundo glo-balizado, no se puede seguir golpeando a la educación ni a los maestros.
Y si el Gobierno quiere mantener la paz social, no puede obrar con incoherencias y discriminación”. Cuando preparé mis Apologías, todavía el paro seguía. Ojalá la columna del Presidente sea preámbulo para el acuerdo.
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