Qué más quisiéramos los colombianos que vivir tranquilos, en una paz verdadera, sin esguinces y sin utilizar ese maravilloso deseo en una bandera ideológica, en una plataforma política que produzca dividendos electorales.
El presidente nombró un alto funcionario para esa tarea pero, nada que aparecen los interesados. Critican la propuesta presidencial.
Solo quieren garantías iguales o mejores que las ofrecidas en el gobierno de Santos, con la innegable posibilidad de no acabar con el negocio que les permite tener dinero a montones y poder ilimitado en la sombra.
Eso significaría ganarse el calificativo de narco-estado, lo cual nos convertiría en parias internacionales lo que, según parece, poco le importa al actual gobierno nacional.
Igualmente, demasiado grave que al actual gobierno le estén “midiendo el aceite” con algo que tanto le criticaron a Iván Duque: masacres por doquier, crímenes al por mayor y al detal y, bandidaje a diestra y siniestra, sin que aparezcan las soluciones a tan cruel situación. Se están limitando a realizar “consejos de seguridad” en las regiones donde se presentan hechos dolorosos pero, tal parece que actuaran como autoefervescente para calmar los malestares. Así sucedió con la visita de Petro a Buenaventura.
Y lo peor es que han ido desmantelando las FF.AA., con la prohibición del ministro del ramo, que “nadie con uniforme puede actuar y defenderse so pena de ser sancionado”, es decir, poner en práctica el axioma aquel de “si te dan en una mejilla, ponga la otra”, tal como sucedió con un agente de policía hace poco. Y el agresor dejado en libertad.
Pero, lo más inverosímil es la actitud de quienes conforman el gabinete ministerial, cumpliendo, con toda seguridad, con instrucciones de su jefe. Nos están dejando atónitos y asustados, sin saber si ese es el propósito. Recuerdo bien a Nikita khruschev, cuando hace 62 años, en 1959, en la sede de Naciones Unidas, dijo: “Los hijos de tus hijos vivirán bajo el comunismo (hoy izquierda).
Ustedes los occidentales son tan crédulos que no lo aceptarán directamente pero seguiremos alimentándoles con pequeñas dosis de socialismo hasta que finalmente despertarán y descubrirán que ya tienen comunismo para siempre. No tendremos que pelear con ustedes.
Debilitaremos tanto su economía hasta que caigan como fruta madura en nuestras manos. La democracia dejará de existir cuando les quiten todo.
” Eso decía el ex hombre fuerte de la Rusia estalinista. Uno de los propósitos es fomentar la pobreza para que los desesperados dependan del Estado. Fidel Castro lo hizo. Y la más utilizada por dicha ideología, echarle culpas a los ricos para generar odios y seguir con la matraca de la lucha de clases. Ese es el cuento de quienes promueven la reforma tributaria, a sabiendas que los ricos no beben gaseosa ni comen salchichón. Pero lo inverosímil es lo que dijo la esquizofrénica de Minas y Energía: “Comprar gas a Venezuela”, cuando en Colombia somos auto sostenibles en ese renglón. No hay derecho a tanta estupidez.
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