Alberto Ramos Garbiras

Política y religión

Alberto Ramos Garbiras

La mezcla de la religión con la política nunca ha sido satisfactoria, en muchos casos históricos esta fusión ha terminado desatando fanatismo y acciones violentas. Y se entrecruzan además las ambiciones de poder y las finanzas.

A partir de la expedición de la Constitución de 1991 se restableció la libertad de cultos que había consagrado la Constitución de 1863 (o de Rionegro), y comenzaron a fundar iglesias evangélicas o protestantes.

Muchos pastores han venido convirtiendo la práctica del credo religioso en una forma de participación política hasta fundar movimientos políticos o partidos.

En Colombia ya existen más de 5.000 iglesias inscritas ante el Ministerio del Interior, con más de 11.000 sedes.

Semanalmente se están inscribiendo hasta 10 iglesias protestantes nuevas.

Las iglesias cristianas tienen tres modalidades de participación política: 1). Con partidos o movimientos políticos propios; 2).

En alianza con otras fuerzas políticas; 3).

Buscando incluirse en listas de otros partidos para lograr escaños en cuerpos colegiados.

Además, y es inevitable, en todos los partidos políticos hay cristianos, como en efecto, hay católicos.

El problema no es la pertenencia o la militancia de cristianos y católicos en los partidos o movimientos políticos, porque son ciudadanos y tienen los mismos derechos que los no creyentes o los apáticos arreligiosos.

El problema surge con la creación de partidos políticos manejados por una iglesia porque fusionan la religión con la política y esto es incompatible con un Estado donde se ha separado el manejo de los asuntos gubernamentales en manos de los civiles, y donde las instituciones democráticas deben ser manejadas bajo el ordenamiento jurídico de un Estado Constitucional presidido por la Constitución y no por la Biblia.

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