Ungass le sigue apostando a la guerra contra las drogas y el prohibicionismo sigue siendo la norma. En la tercera sesión especial de la Asamblea General de la ONU fueron discutidas políticas de reducción del daño y regulación de sustancias estupefacientes.
El objetivo principal de esta reunión era realizar un llamado a la comunidad internacional a fin de analizar las medidas frente al consumo de sustancias psicoactivas
Desde Latinoamérica se pidió que fueran abandonadas las políticas punitivas y se abordara este flagelo como un asunto de salud pública. Sin embargo, estas expectativas se vieron completamente frustradas por dos razones fundamentales. En primer lugar, porque Argentina, Rusia, Irán y China se oponen a dar por terminado el prohibicionismo. En segundo lugar, porque la Asamblea no se pronunció contra los países que penalizan a las personas que sean encontradas traficando drogas o traficando micro estupefacientes con cadena perpetua o pena de muerte. Y de ñapa, tampoco fue abordada la regulación como tema central.
Es evidente que la política de drogas no despierta mayor interés en países que serían fundamentales para lograr consenso y acuerdo en una evolución de la política. Sí, cada país avanza a su propio ritmo, sin embargo, la violación sistemática de derechos humanos tiene que detenerse. Amnistía Internacional reportó que de todas las ejecuciones registradas en 2015, el 89 % se llevaron a cabo solamente en Arabia Saudí, Irán y Pakistán.
Lo sorprendente, es la falta de voluntad de los países en reconocer la importancia de este tema para adelantar una agenda que permita superar la mal llamada guerra contra las drogas que tantas víctimas ha cobrado en el mundo.
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